La delicia oculta en las pollas eyaculando y las corridas internas

El acto sexual en sí resulta siempre una actividad extremadamente placentera, el preámbulo, las caricias sensuales y la excitación mutua entre una pareja es algo definitivamente encantador, pero si existe algo que no se debe ignorar y a lo que se le debería rendir honores es a las corridas internas.
Las corridas internas son el regalo de un buen sexo, en donde el hombre entrega desde lo más profundo de sí la evidencia de la más intensa satisfacción, dejando en el momento ideal del sexo su firma caliente de que lo que acaba de hacer ha llegado a buen término.
Hay muchos mitos sobre si cuando un hombre se corre dentro del cuerpo de su pareja de turno esa persona también siente placer, pareciera que al respecto no debería haber dudas. El sentir que la pareja ha alcanzado el clímax es una de las sensaciones más extraordinarias que una persona puede tener, los sonidos, la vibración del cuerpo y el resto de cosas que el hombre experimenta mientras se corre para algunos amantes resultan ser deliciosas y cada una de esas fases, hasta sentir la corrida dentro de su ser para muchos son memorables.
Tan sólo de ver una corrida interna, así no se esté recibiendo causa placer en algunos individuos, sino pregúntenselo a los amantes del porno que buscan esta clase de espectáculos calientes en sus clip preferidos.

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Placer y pecado detrás de incesto familiar

Algunas familias son por demás pervertidas en toda su extensión, pues sus integrantes tienen intensiones más amorosas de lo normal entre sus propios miembros.
Comprensión, entendimiento, alegría, tristezas, triunfos y derrotas son algunas de las situaciones que los integrantes de las familias comparten, pero en ocasiones existe el deseo y la lujuria escondidos detrás de esos ojos que admiran algún querido primo, hermano o hermana, padre o madre, y que exteriorizarlo hasta hacerlo realidad sería un verdadero pecado.
¿Podrías imaginar lo fuerte que puede ser el deseo entre un hijo y una madre? ¿Cuándo se dan cuenta que el amor maternal se ha convertido en algo más? ¿Qué los va llevando a ese abismo entre el pecado y el deseo? Muchas respuestas podrían responder y justificar las preguntas anteriores, o quizás para algunos otros más conservadores eso no tiene cabida ni sentido, pero es algo que ocurre y que sabemos que a muchos otros les encanta disfrutar. Para algunos chicos ver a su madre follando es una delicia, y si lo hace consigo es aún mejor. Entre la delgada línea de lo correcto y la aberración se encuentra para algunos el verdadero placer.

Siempre lo prohibido despierta un mayor interés, y el incesto es el clímax de lo prohibido. Imagina a una madre que ha visto crecer a su propio hijo pero no lo mira con amor maternal sino con el más ardiente deseo, sus pensamientos y sentimientos más oscuros la tienen a ella junto a su primogénito envueltos en una sola piel, entregados al más indebido y caliente placer. Su hijo por su parte se calienta tan solo al pensar por un minuto tener a su madre follando con él, poniendo en práctica toda su experiencia mientras él saborea el mismo coño que le dio la vida, y las tetas que una vez le alimentaron hoy de nuevo llegan a su boca pero con el sabor de la lujuria impregnando sus labios.

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