Mi madrastra cachonda

Ya habían pasado 3 meses desde que mi madrastra había venido a vivir con nosotros y las cosas se ponían intensas. Mi madrastra estaba joven, tenía unos 25 años, era una chica blanca, con tetas grandes y un culo firme gracias a sus rutinas de ejercicio, era todo lo que cualquiera desearía en una madrastra cachonda. Una tarde, nuestra relación cambio para siempre.

Era una tarde normal, mi papá trabajaba todo el día y yo estaba de vacaciones, así que siempre nos quedábamos solos, yo estaba en mi habitación viendo Netflix mientras ella se la pasaba alrededor de la casa y ocasionalmente entraba a ver qué estaba haciendo. Esa tarde era especial, ella acababa de llegar del gimnasio, estaba sudada y con una ropa que remarcaba sus curvas, pero sobre todo, ese hermoso gran culo redondo que tenía.

Yo estaba viendo una serie, pero en realidad no prestaba mucha atención, la puerta estaba abierta y yo solo tenía un pantaloneta corta y como de costumbre no tenía camiseta. De repente, ella entró y me preguntó que hacía, yo le dije que no mucho y ella se sentó en la cama y comenzó a platicar. Después de solo unas preguntas me preguntó que si tenía novia y que si no me hacía falta una.

Las preguntas subían de tono y me decía que a veces el cuerpo pedía cosas que uno no debía negarle, cómo el sexo. Yo estaba hipnotizado por sus tetas en una blusa corta y como cada vez se acercaban más a mi. Ella notó que no apartaba mi mirada de ellas, y en un tono de voz más bajo y casi que susurrando me preguntó que si las quería tocar. Yo estaba en shock, no tenía nada de experiencia y mi papá podría llegar.

Llegó el momento, ella se bajó su blusa y sus hermosas tetas rebotaron, y dejaron ver unos pezones rosados perfectos esperando por mi. Yo no sabía cómo empezar, así que ella tomó mis manos y las puso sobre sus tetas, eran perfectas. Yo solo las apretaba, eran muy suaves y sus pezones cada vez se ponían más duros, ella puso su mano en mi cintura y bajo mi pantaloneta, dejando ver mi dura verga, mientras a su vez se bajaba su licra, ya sabía que podía venir.

Me dijo que me acostara y me preparara, ella se empezó a subir lentamente sobre mi, tomo mi pene con su mano y comenzó a donarlo lentamente con su clítoris, seguidamente me preguntaba si me gustaba. De repente, comenzó a meterlo lentamente, hasta que estuvo todo adentro, su cara de placer lo era todo, comenzó a gemir fuerte mientras cabalgaba duro, yo veía sus tetas rebotar mientras mis manos apretaban su culo mientras intentan no venirme tan rápido. Ella quería más, pero yo ya estaba a punto de terminar, así que se lo hice saber, era toda una mama caliente. Se bajó de mi verga y comenzó a masturbarme esperando por mi semen, el cual no tardó, deje su boca llena de semen, ella lo saboreo todo y se fue a limpiar, no sin antes decirme que lo haríamos más seguido ya que ella era un buena madrastra, jamás olvidaré esa tarde.