Mi amiga y su falda

Ya habían pasado meses desde la última vez que había tenido sexo, y para ser honesto no podía aguantarlo más. Estaba viendo videos xxx gratis cuando de repente vi a dos jóvenes amateur que estaban follando como nunca, ella tenía el cuerpo perfecto, unas tetas firmes y un culo no muy grande. Por otra parte, el tenía sus abdominales marcados y pene grande y grueso que le daría envidia a cualquier hombre y haría gemir de placer a cualquier mujer.

Después de masturbarme un poco, aún seguía sintiendo que necesitaba a alguien así que llame a mi mejor amiga. Siempre había sentido cosas por ella, pero no me atrevía a decirle nada. Tenía un cuerpo hermoso, unas piernas grandes, culo redondo y unas tetas pequeñas pero que hacían que su cuerpo se viera balanceado y perfecto. Además, ya me había dado bastantes señales de que le gustaba, o al menos eso pensaba.

Yo la estaba esperando en casa, quiera devorarla, pero no sabía si ella me seguiría el juego. Después de un rato llegó, traía una falta que dejaban ver esas grandes piernas. Al momento de saludarla, pude ver qué traía un perfume que me estaba volviendo loco. Todo en ella estaba bien y mi verga empezaba a ponerse cada vez más dura.

En un momento, mientras escogía una película para ver, vi como lentamente abría las piernas, dejando ver sus pantis rojos. Mi verga ya no podía contestar más. Puse mi mano en su pierna bajo su falda, esperando a ver su reacción. Para mí sorpresa, sonrió, e inmediatamente se abalanzó sobre mí y me besó. Tenía a esa belleza sobre mi y estaba seguro de que podía sentir lo duro que estaba en esa posición.

Sin decir mas, se quitó la falda y sus pantis. Tenía una gavina rosadita que quería devorar inmediatamente. Al momento se subió sobre mi y empezó a jugar con mi pene, haciéndolo rozar con su vagina mientras gemía de placer. Podía ver cómo se estaba empezando a poner cada vez más mojada. Puse mis manos en su culo y lo apreté tan duro que hizo que soltará un gemido. Ya estaba lista para tomarlo así que lentamente lo puso adentro, era el cielo, estaba tan mojada que simplemente se deslizó y entro completo.

Estaba cabalgando y gimiendo de placer. Con sus manos tomaba sus tetas y apretaba sus pezones. Estaba a punto de terminar y ella lo sabía. Me imploró que lo hiciera en su culo grande. Se dio la vuelta y podía ver esa palpitante vagina escurriendo y ese culo enorme esperando por mi. Mientras ella se tocaba yo hacía lo mismo para terminar. Estábamos sincronizados, sus dedos se deslizaban en su vagina y eso me volvía loco. Era como ese hermoso sexo amateur que me gustaba ver. Su culo se llenó de mi semen mientras apretaba una de sus nalgas de tanto placer.

Ambos estábamos exhaustos en la cama, ella estaba casi que dormida y yo muy feliz. Creo que ahora podremos ser más que amigos, quizá podremos repetir.

Mi hermana y mi prima

Era navidad y toda la familia estaba reunida. Ya había pasado la cena y la media noche así que los mayores estaban en su mayoría borrachos o durmiendo. Yo estaba con mi hermana y mi prima, ellas eran más grandes que yo, pero aún así podía notar a mi hermana cachonda. No lo podía esconder, había estado mirándose con mi prima de una manera muy directa durante toda la noche.

De un momento a otro noté como se ambas subieron las escaleras, yo me quedé en la sala, pero ya sospechaba que iban a hacer algo. La verdad, es que mi hermana estaba buena. No muy alta, delgada y en ese momento llevaba un short muy corto y un suéter. Mientras que mi prima era un poco más baja y llevaba un vestido que dejaba ver sus piernas delgadas pero un culo redondo que me había tenido imaginándolo desnudo desde que llegó.

Ya habían pasado unos 15 minutos desde que subieron y aún no había señal de ellas. Yo estaba poniéndome algo ansioso, pero la idea de imaginarias a ambas teniendo sexo empezaba a poner algo duro. Pasado el rato, decidí subir a ver dónde estaban, miré los cuartos y no las encontré así que solo quedaba el baño.

A medida que me acercaba podía escuchar unos gemidos muy leves. Cada vez que me acercaba más, mi verga iba poniéndose aún más dura porque imaginaba lo que había adentro. Esperé por un momento antes de entrar, pero después de tocarme un rato por encima del pantalón tomé la decisión de entrar.

Para mí sorpresa, vi como mi hermana tenía sus dedos en la vagina de mi prima mientras mi hermana se tocaba sola. Las dos se quedaron atónitas. Pero inmediatamente me dijeron que por favor no dijera nada. Yo no pensaba decir nada. De hecho, quería seguir viendo.

Mi prima bajó su mirada y vio como mi pene sobresalía. En ese momento, mi hermana dijo: “ven, ayúdame”. Tomó mi mano, y la llevó a la rica vagina de mi prima. Estaba tan mojada que mis dedos se deslizaron hacía adentro haciéndola gemir mientras mordía sus labios.

Mi hermana sabía que estaba haciendo un buen trabajo, así que empezó a masturbarme mientras con su otra mano seguía tocándose. Los tres estábamos gimiendo empapados en sudor. Podía ver cómo los pezones de ambas se marcaban y ponían duros, yo ya estaba a punto de terminar.

Mientras les decía que quería correrme, ambas se pusieron de rodillas. Yo me levanté y empecé masturbarme mientras veía como mi hermana abría su boca y mi prima ponía sus manos en sus tetas juntándolas y alistándolas para mí. Yo no soportaba más, y mientras mi semen salía de mi pene, podía ver cómo sus tetas y boca se llenaban de él. De verdad les gustaban y lo saborearon entero, justo como lo había visto en unos vídeos pornoincestos.

Al parecer fue una buena idea subir a ver qué hacían porque lo repetimos un par de veces en esa navidad.

En casa de mi amigo

Era tarde en casa de mi amigo. Habíamos estado haciendo tarea hasta tarde y no era seguro volver a casa, así que decidí quedarme a dormir allí. Ya era media noche y yo veía algo de sexo amateur. Mi amigo ya estaba dormido, pero estábamos en la misma cama. Yo estaba demasiado duro, y empecé a tocarme bajo las cobijas lentamente para no despertar a mi amigo.

Mi amigo estaba durmiendo sin camiseta, el echo de tenerlo tan cerca me hacía excitar aún más. Tenía mi duro pene en la mano, estaba masturbándome rápido, apunto de estallar. En ese momento, mi amigo se dio la vuelta y me miró. Fue incómodo, bajó su mirada y vio mi duro pene en mi mano. No sabía que decir, estaba totalmente avergonzado.

Mi amigo estaba riéndose, creo que entendía mi situación. En ese momento pude ver cómo se quitaba la cobija de encima dejando ver así el bulto en su pantalón, también estaba muy duro. Sabía lo que iba a pasar, puso su mano en mi pene y empezó a masturbarme, se sentía tan bien, sus manos estaban tibias.

Yo nunca había estado con otro chico, pero sin pensarlo dos veces fui con mi mano a buscar su pene. Para mí sorpresa era grande, y se sentía bien en mi mano así que empecé a masturbarlo también. La idea de tocarlo y que me tocara me estaba volviendo loco, ya no podía aguantar más. Ambos estábamos sudando y gimiendo, se sentía muy bien. En un momento el paró, pensé que ya no iba a seguir, pero para mí sorpresa bajó con su boca y lo empezó a chupar. Lo hacía muy bien, su boca estaba tibia y me encantaba. No paraba de decirme: “que rico sabe” mientras subía una de sus manos y ponía sus dedos en mi boca.

Estaba a punto de terminar y la verdad, quería terminar en su boca. Justo como lo había visto en esos video porno gay gratis. Sin arrepentirse me dijo: “termina en mi boca”. Eso fue todo, un chorro de semen salió e inundó su boca, mientras él seguía diciéndome lo rico que sabía. Voltee a verlo y tenía la boca llena. Parecía disfrutarlo.

Mientras tanto, con una de sus manos, él seguía masturbándose. Lo hacía cada vez más rápido y yo estaba desesperado porque terminara en mi cara, quería ver cómo se sentía. En un momento me dijo que estaba a punto de hacerlo así que me puse en posición y esperé a sentir su cálido semen en mi cara. Soltó un gemido y dejo salir todo su fluido tapando así mis ojos. Me encantaba, nunca lo había hecho antes.

Pareció hacerle gracia verme así porque de inmediato fue al baño y trajo algo de papel para limpiarme. Había Sido un momento estupendo. Se recostó en la cama y yo hice lo mismo. Estábamos muy cansados. Puso un brazo sobre mi y cerró los ojos. Yo no creía lo que acaba de pasar, lo único que tenía claro es que ese había Sido uno de los momentos más increíbles de mi vida.

Desde ese entonces me quedaba a hacer la tarea más seguido en casa de mi amigo, parece que de alguna forma no podía vivir sin su rico pene. A lo mejor nuestra amistad era más fuerte ahora.

Una tarde con mi vecina

Era una tarde normal, estaba aburrido y para pasar el rato estaba navegando por es .porn. No tenía mucho que hacer así que salí a caminar. En ese momento, una vecina me llamó, dijo que me necesitaba. Era la vecina del 2b. Al momento de llegar abrió la puerta y con una cálida sonrisa me dijo que entrara. Era raro, no éramos muy cercanos.

Después de un rato de charla me dijo que en realidad lo que necesitaba era ayuda para mover una mesa de su cuarto, así que le dije que no había problema. Era verano, hacía calor y mi vecina vestía unos leggins ajustados y una blusa escotada que resaltaban su hermosa figura. Tenía muy buen cuerpo.

Al momento de llegar a su habitación, pude ver qué la mesa no era muy pesada así que la llevé yo solo. No tomó mucho tiempo. Mi vecina no paraba de agradecerme y yo solo decía que no era la gran cosa, pero hubo un momento en el que preguntó si había alguna manera de pagarme. Noté doble intención en esa pregunta así que con una sonrisa bajé la cabeza. Ella pareció entender porque se acercó y me dio un beso, tomo mis manos y las llevo a su culo. Estaba tan firme que mi pene se empezó a poner duro y ella pudo sentirlo.

Quería arrancarle esos leggins para ver ese culo redondo, pero ella empezó por su blusa. Tenía unas tetas hermosas, con sus pezones cafés que procedí a besar. Ella ya estaba trabajando mi pene con su mano y lo hacía muy bien. Después de un rato le quité los leggins dejando al descubierto una tanguita negra que pasaba por la mitad de su vagina, la cual ya estaba bastante mojada. Era una de esas mulatas cachondas que me encantaba coger.

Estaba desesperada por montar mi pene así que la ayudé a subirse y ella con sus manos lo acomodó, pude ver en esos ojos que le encantaba, lo estaba cabalgando a un ritmo increíble mientras gemía y sus hermosas tetas rebotaban. Quería verla terminar así que la puse de espaldas sobre la cama y seguí fallándola con más fuerza y mas rápido, sabía que iba bien porque sus uñas estaban sobre espalda cada vez más fuerte y la expresión en su cara me decía que iba por buen camino.

Era increíble lo rica que estaba, podía ver en su cara como estaba apunto de hacerla acabar y sin mediar palabra y de un grito vi como su vagina llenaba mi pene de fluidos a la vez que mi semen chorreaba por sus piernas en un grito de desahogo y placer. Estábamos exhaustos, pero sabía que la había follado tan bien que a lo mejor me llamaría después para ayudarla con más cosas.

Después de un rato, tomé mis cosas y me preparé para salir, no sin antes dejarle saber a mi vecina que me podía llamar cuando quisiera para ayudarla a mover sus cosas. Sin duda, una tarde que nunca olvidaré.

Mi madre caliente

Eran las 4 de la tarde, me había quedado en la escuela a hacer un poco de trabajo extra para subir una nota, pero no dejaba de pensar en mi madre caliente. La había visto tomándose unas fotos a solas en su cuarto de sus tetas, y curiosamente me llamaban la atención. Ya la había avisado a mi mamá que llegaría un poco más tarde de lo habitual. En ese momento, recibí un mensaje de mi mamá que decía: “ven rápido, no hay nadie más en casa”. Sabía que se había equivocado, pero me intrigaba el echo de pensar en que quería hacer mi madre sola en casa.

Mi mamá era alta, tenía un buen cuerpo, siempre iba al gimnasio, grandes piernas y buenas tetas. Mis amigos siempre hacían comentarios al respecto. Me dirigí a casa lo más rápido que pude, la idea de pensar en mi mamá con sus grandes tetas gimiendo de placer hacía que en el camino mi pene se fuese poniendo duro.

Antes de entrar, intenté no hacer ruido y abrí la puerta lentamente. No parecía haber nadie, pero a medida que entraba más empezaba a escuchar unos gemidos que venían del cuarto de mamá. En ese momento, ya mi pene estaba tan duro que se podía ver prominente sobre mi pantalón. Al asomarme al cuarto, pude ver a mi madre con sus piernas abiertas. Mientras con una mano tocaba su vagina la otra pellizcaba uno de sus pezones. La cara de placer que tenía hizo soltará mi mochila en el suelo interrumpiéndola.

Ella me miró y dijo exaltada: “¿Qué haces aquí?”. Le expliqué que había salido más temprano. Mientras se tapaba con una toalla me decía: “no estaba haciendo nada malo, además ya estás grande como para que me entiendas”. Mientras pronunciaba esas palabras, su mirada bajó hacia mi pantalón.

“Hijo, ¿y eso por qué?”, preguntó ella mientras se acercaba. “¿Acaso te gustó lo que viste?”. Yo no sabía que hacer, en eso ella se acerca aún más y pone su mano en mi pene sobre el pantalón. “Que duro está”, dice. Yo tímidamente pongo mi mano en una de sus tetas. En ese momento, siento como ella baja mi pantalón y toma mi pene. Yo estaba a punto de estallar cuando ella empezó a masturbarme. La escena era increíble, cómo en uno de esos videos porno incestos. Era increíble ver cómo sus tetas con esos duros pezones se movían al ritmo de su mano.

Yo intentaba no terminar pues se sentía muy bien. Mientras ella llevaba mi pene a su boca podía ver con su otra mano frotaba su vagina, estaba tan mojada que sus dedos escurrían. De un momento a otro me preguntó: “¿Hijo, quieres hacerme terminar?”. Yo no lo dudé y dije que si. Ella me recostó en la cama y con mucho cuidado puso mi pene en su jugosa vagina, podía escuchar lo mojada que estaba mientras gemía, sus tetas brincaban, era maravilloso.

Ya en un momento no pudo contenerme más y descargué todo mi semen adentro de ella. Ella pareció disfrutarlo porque sonrió, estábamos empapados, ella se bajó de mí, me miró y me dijo: “buen chico”.

Parece que mamá puede enseñarme más cosas.

Los pantis de mi hermana

Era una noche fría y yo como de costumbre, estaba viendo porno familiar. No era raro, desde pequeño me había sentido atraído por mi hermana mayor. Ella se cambiaba en frente de mi sin ningún pudor y me dejaba ver sus hermosas tetas. La verdad, a ella no le importaba mucho. Yo me masturbaba todo el tiempo pensando en ella, espiándola mientras se duchaba y hasta llegue a verla tocándose un poco, era increíble, tenía una hermosa vagina que me hacía imaginar penetrándola.

Ella era rubia, no muy alta, pero tenía unas tetas hermosas y un culo que me hacía alucinar. Una noche, entré a su cuarto mientras ella no estaba, miré sobre su cama y pude ver sus pantis. Eran negros, tan sexis que no pude evitar acercarme, me estaba poniendo tan duro que al momento de olfatearlos sentía que iba a mojar mis pantalones, era hermoso, tal cual como lo había imaginado.

Estuve ahí por un rato, mientras con una mano tenía sus pantis, con la otra me estaba masturbando cómo nunca antes, pensando en cómo ese pedazo de tela había estaba rozando su rica vagina antes, estaba a punto de terminar cuando noté que alguien me estaba observando. Era mi hermana, pero no se veía enojada. De hecho, estaba sonrojada. Me preguntó que si le gustaba como olían. Me sorprendió, pensé que iba a odiarme al verme así, pero no.

Yo estaba avergonzado, pero la idea de tenerla en frente hacía que mi verga se pusiera más dura. Ella se acercó y para mí sorpresa puso su mano en mi pene y lo llevó directamente a su boca, yo no sabía que hacer, ya mi pene estaba empapado y a punto de explotar y su boca estaba tan tibia que me hacía sentir que no podía contenerme más. Me miraba fijo a los ojos y en uno de eso momentos tomó mi mano y la puso sobre una de sus tetas, estaba tan firme, podía sentir su pezón por encima de la blusa, era el paraíso.

¿Qué más podía pedir? Ya no quería terminar, pero ella la chupaba cómo nadie. Para mí sorpresa, ella se levantó, se quitó la blusa haciendo rebotar sus ricas tetas y se acostó en la cama, bajó su short, se quitó sus pantis y abrió las piernas. Tenía su vagina empapada, mientras ella se tocaba, me hacía señas con las manos para que me acercara. Yo ya no podía más, en cuanto pude, metí mi verga en su vagina húmeda y ella gimió, estaba tan rica y tan mojada que con una sola vez me hizo terminar. Estaba llena de mi semen y respiraba agitadamente, la cama empapada de los dos, cómo en una de esas películas porno incestos.

Ella me miró con una sonrisa pícara, tomó sus pantis, me los dio y dijo: “quédatelos, hermanito”. Creo que con eso ya podré recordarla. A veces cuando sale de ducharse, pasa por mi cuarto y deja caer la toalla dejándome ver esa rica vagina rosadita. Quien sabe, tal vez lo volvamos a hacer.