Cuñada alemana

Recuerdo ese verano como si hubiese Sido ayer, hacía mucho calor y yo estaba de visita en Alemania visitando a la familia de mis esposa. Era la primera vez y aún no conocía a toda la familia más que a sus padres y su hermano. Una tarde, mientras estaba sentado en la sala escuché que alguien tocaba la puerta así que decidí abrir, para mí sorpresa, era mi cuñada y me sorprendió ver lo buena que estaba. Anteriormente solo la había visto en fotos pero verla en persona me hizo pensar en todo ese porno aleman que había visto fantaseando acerca de las posibilidades. Ese día no pasó la gran cosa, hubo una cena familiar y nos conocimos un poco mejor, planeamos un paseo al lago al día siguiente y todos nos fuimos a la cama. La situación con mi mujer no estaba muy bien, no habíamos cogido en un largo tiempo y yo ya me quería desahogar así que el primer pensamiento que tuve fue en mi cuñada y en ese redondo culo y pequeñas tetas que se veían muy bien en los cortos shorts en los que andaba. Confirmé que mi esposa estuviera dormida y me empecé a masturbar pensando en cómo me gustaría fallármela ahora mismo.

Al otro día, todos fuimos al lago y yo tuve la oportunidad de hablar más con mi cuñada, resultó ser una persona muy agradable y nos estamos riendo mucho, tanto que un momento ella puso su mano en mi pierna muy cerca a mi verga y me miró directo a los ojos como si intentará decirme algo. La tarde pasó y decidí irme a dar un paseo al bosque mientras la familia preparaba algo de comer. Mientras caminaba y pensaba en lo rica que estaba mi cuñada, escuché como alguien me llamaba, para mí sorpresa, era ella, estaba cerca y decidió venir a caminar conmigo, estaba nervioso, era la primera vez que estábamos solos y eso me excitaba.

Mientras estábamos caminando no dejaba de ver sus pequeñas tetas y como sus pezones se marcaban sobre su blusa. De un momento a otro, ella se detuvo, tomó mi mano y me besó, fue tan candente que tomó mi mano y la puso en su culo. Me miró a los ojos y me dijo, he querido hacer esto por mucho tiempo, se puso de rodillas, bajo mis shorts y sonrió al ver mi verga dura, la chupaba y me decía que le encantaba el sabor, yo quería hacerla gemir así que le dije que se levantara y se pusiera en cuatro. En ese momento ví su rica y apretada vagina escurriendo, eso me puso tan cachondo que la penetre fuertemente haciendo que soltara un gemido fuerte. Era como un sueño estar ahí follando a la cuñada. Cuando estaba apunto de terminar me pidió que lo hiciera en sus tetas y boca, era el paraíso ver cómo saboreaba todo mi semen mientras metía y sacaba sus dedos de su apretado coño. Fue una tarde muy especial, volvimos al campamento, ella con sus piernas temblando y sus tetas llenas de semen bajo su blusa y yo con una sonrisa enorme sabiendo que tenía a la mejor cuñada que podía pedir, pensando en cuál sería el momento oportuno para repetir.