Una tarde con mi vecina

Era una tarde normal, estaba aburrido y para pasar el rato estaba navegando por es .porn. No tenía mucho que hacer así que salí a caminar. En ese momento, una vecina me llamó, dijo que me necesitaba. Era la vecina del 2b. Al momento de llegar abrió la puerta y con una cálida sonrisa me dijo que entrara. Era raro, no éramos muy cercanos.

Después de un rato de charla me dijo que en realidad lo que necesitaba era ayuda para mover una mesa de su cuarto, así que le dije que no había problema. Era verano, hacía calor y mi vecina vestía unos leggins ajustados y una blusa escotada que resaltaban su hermosa figura. Tenía muy buen cuerpo.

Al momento de llegar a su habitación, pude ver qué la mesa no era muy pesada así que la llevé yo solo. No tomó mucho tiempo. Mi vecina no paraba de agradecerme y yo solo decía que no era la gran cosa, pero hubo un momento en el que preguntó si había alguna manera de pagarme. Noté doble intención en esa pregunta así que con una sonrisa bajé la cabeza. Ella pareció entender porque se acercó y me dio un beso, tomo mis manos y las llevo a su culo. Estaba tan firme que mi pene se empezó a poner duro y ella pudo sentirlo.

Quería arrancarle esos leggins para ver ese culo redondo, pero ella empezó por su blusa. Tenía unas tetas hermosas, con sus pezones cafés que procedí a besar. Ella ya estaba trabajando mi pene con su mano y lo hacía muy bien. Después de un rato le quité los leggins dejando al descubierto una tanguita negra que pasaba por la mitad de su vagina, la cual ya estaba bastante mojada. Era una de esas mulatas cachondas que me encantaba coger.

Estaba desesperada por montar mi pene así que la ayudé a subirse y ella con sus manos lo acomodó, pude ver en esos ojos que le encantaba, lo estaba cabalgando a un ritmo increíble mientras gemía y sus hermosas tetas rebotaban. Quería verla terminar así que la puse de espaldas sobre la cama y seguí fallándola con más fuerza y mas rápido, sabía que iba bien porque sus uñas estaban sobre espalda cada vez más fuerte y la expresión en su cara me decía que iba por buen camino.

Era increíble lo rica que estaba, podía ver en su cara como estaba apunto de hacerla acabar y sin mediar palabra y de un grito vi como su vagina llenaba mi pene de fluidos a la vez que mi semen chorreaba por sus piernas en un grito de desahogo y placer. Estábamos exhaustos, pero sabía que la había follado tan bien que a lo mejor me llamaría después para ayudarla con más cosas.

Después de un rato, tomé mis cosas y me preparé para salir, no sin antes dejarle saber a mi vecina que me podía llamar cuando quisiera para ayudarla a mover sus cosas. Sin duda, una tarde que nunca olvidaré.